SOBRE LA SITUACIÓN EN VENEZUELA: ¿A QUIÉN APOYAMOS?
- editorialande
- 3 ene
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Hoy, sábado 3 de enero, EE.UU. inició una serie de bombardeos a la 1:50 am sobre Caracas y otras tres ciudades, despliegue militar quirúrgico que terminó con la captura de Nicolás Maduro. Al menos 40 civiles y miembros del ejército venezolano murieron en el ataque tras el despliegue de 150 aeronaves de EE.UU. ¿Qué hay detrás de estas acciones militares? ¿Qué posición debemos tomar los comunistas: apoyar a Maduro o a Trump?
Por un lado, tenemos el apoyo irrestricto de la extrema derecha, representada por figuras como Javier Milei, José Antonio Kast o López Aliaga, al ataque militar de Trump. Estos reproducen lo afirmado por Trump: que se trata de un ataque contra un narcoterrorista en favor del retorno de la democracia en Venezuela. Del mismo modo, una parte de la sociedad civil venezolana, tanto dentro como fuera del país, celebra la captura de Maduro, esperando un cambio de régimen político y económico. Las razones son la crisis económica, la corrupción y el régimen político que ha llevado a 7,9 millones de venezolanos a migrar para sobrevivir.
Del lado opuesto, encontramos sectores de izquierda como Gustavo Petro, la Cancillería mexicana, Evo Morales, Sumar en España, el Frente de Izquierda Unidad en Argentina, entre otros, que se manifiestan en defensa de la patria y la soberanía venezolana. Estos acusan un ataque imperialista cuyos intereses no serían la democracia, sino los recursos naturales de Venezuela. Llaman a una movilización inmediata en plazas, embajadas, etc., mientras que otros se limitan a pronunciamientos en redes sociales.
En primer lugar, sería absolutamente ingenuo creer que la acción militar de EE. UU. responde a la defensa de la democracia, considerando sus antecedentes: pactos con gobiernos terroristas como en Siria, financiamiento a grupos paramilitares en Medio Oriente, apoyo a Israel contra Palestina —lo que constituye uno de los mayores genocidios de los últimos tiempos—, la liberación del condenado por narcotráfico Juan Orlando Hernández y de otros narcos, así como su historial de intervenciones militares para derrocar gobiernos y sus amenazas a países como Panamá, o sus intentos de apoderarse de territorios como Groenlandia y anexar Canadá. Los asesinatos cometidos por EE. UU. en Venezuela disfrazados como ataques a “narco lanchas”, solo en los últimos días, superan las 110 víctimas, además de la destrucción de 34 embarcaciones. Incluso Trump ha dicho: “el negocio petrolero en Venezuela ha sido un fracaso, estaban bombeando una cantidad casi insignificante, en comparación con lo que podrían haber extraído, VAMOS A HACER QUE NUESTRAS GRANDÍSIMAS COMPAÑÍAS PETROLERAS ENTREN E INVIERTAN MILES DE MILLONES Y EMPIECEN A GENERAR GANANCIA PARA EL PAÍS”. Resulta, pues, ingenuo o interesado creer que EE. UU. lucha por la democracia cuando su historial registra más de 400 intervenciones militares en naciones extranjeras, con miles de muertos en el proceso.
Del mismo modo, sería ingenuo hablar de soberanía y patria bolivariana cuando observamos en Venezuela una centralización de la riqueza en una cúpula política y acciones represivas contra la clase trabajadora. También lo es hablar de soberanía nacional cuando Maduro es uno de los principales interesados en atraer inversiones de empresas extranjeras como Chevron, Coca-Cola, Bayer, Sivensa, entre otras. El propio Maduro declaró hace pocos días: “Si quieren petróleo de Venezuela, Venezuela está lista para las inversiones extranjeras”. Incluso ha reconocido negociaciones con EE. UU. y su intención de continuarlas. Quizá algunos, más papistas que el Papa, crean que Maduro lucha por la patria venezolana y por un nuevo régimen comunal enfrentado al capitalismo; sin embargo, la realidad muestra un régimen corrupto que concentra la riqueza en pocas manos y reproduce la explotación y la represión sobre la clase trabajadora y organizaciones sindicales y comunistas.
En tercer lugar, EE. UU. atraviesa un proceso de crisis interna, con un aumento de la tasa de desempleo en los últimos meses y una recesión que no deja de acechar. Sus negociaciones y acciones militares en Europa del Este y Medio Oriente han sido en gran medida fracasadas en los últimos años, y su influencia se ha debilitado en territorios que controló durante décadas. La clase dominante estadounidense siente los efectos de esta crisis y busca salidas cada vez más agresivas. Y Trump que pertenece a la clase dominante está en medio de un escándalo por el tráfico sexual de menores de edad donde se involucran importantes empresarios norteamericanos de las altas esferas tanto del bando demócrata como republicano.
El contexto general es, además, de conflictos tecnológicos, energéticos, comerciales y militares entre EE. UU. y China. En los últimos años, la clase dominante estadounidense ha sido desplazada comercial, energética y tecnológicamente por la clase dominante china, por lo que necesita asegurar su acumulación de capital mediante la intervención en territorios y el control de recursos naturales de forma más abierta y violenta. Debilitar al régimen venezolano implica debilitar a China, ya que Venezuela exporta más de 800 000 barriles diarios a ese país, su principal socio petrolero, que absorbe alrededor del 80 % del petróleo venezolano. Asimismo, empresas chinas mantienen acuerdos para la extracción de petróleo en Venezuela por varias décadas.
Cabe agregar que este no es solo un conflicto entre naciones, sino, sobre todo, un conflicto entre las clases capitalistas imperialistas que gobiernan esas naciones. Son las clases dominantes las principales interesadas en las guerras y las intervenciones militares, en la expansión territorial y en el control de los recursos naturales; no las naciones en abstracto. Tampoco se trata de apoyar a China como un capitalismo no imperialista o beneficioso para los pueblos, sino de condenar todo imperialismo y sus acciones despiadadas de explotación contra la clase trabajadora latinoamericana y mundial.
Dicho esto, cabe preguntarse: ¿hacia dónde va ahora Venezuela? Descabezar al gobierno no significa el fin del régimen político chavista. Rápidamente, la vicepresidenta Delcy Rodríguez ha asumido el gobierno, y tanto el ministro del Interior como las cúpulas militares se han manifestado en apoyo irrestricto a Maduro. Tampoco pueden subestimarse las acciones de las milicias populares y sus manifestaciones a favor del régimen chavista, más aún luego que Trump declarara que Estados Unidos tomará el control del país para asegurar una “transición adecuada” y que podría desplegar un segundo ataque. Trump dice que Marco Rubio está en diálogos con Delcy Rodríguez y que ella está aceptando todos los pedidos de EEUU, mientras tanto Delcy Rodríguez señala que defenderá la patria venezolana contra el imperialismo norteamericano y llama a las calles a los milicianos de Venezuela. Recordemos que Delcy es una vieja militante y, además, fue hija del militante Jorge Antonio Rodríguez torturado y asesinado por las fuerzas de seguridad del Estado venezolano. La acción militar de EE. UU., por ende, no garantiza un cambio de régimen ni un mayor control sobre los recursos naturales. De ahí que figuras reaccionarias y grotescas como Kast, en Chile, hayan planteado la necesidad de “asegurar que todo el aparato del régimen abandone el poder y rinda cuentas”. Sin embargo, aún no se sabe si ello será posible, dado los múltiples intereses económicos de militares y políticos venezolanos ligados al gobierno.
La acción de EE. UU. en los últimos años no tiene precedentes recientes, lo que genera una profunda preocupación por una posible escalada en otros países de la región, más aún con el notable avance comercial y el mayor control de China sobre América Latina. El puerto de Chancay, en Perú, es sin duda uno de los enclaves comerciales más valiosos de China en la región, por lo que no resulta descabellado prever una eventual acción intervencionista de EE. UU. en el país, ya sea mediante el control del Estado o, en un escenario adverso, mediante una acción militar.
Teniendo todo esto en cuenta, la acción de EE. UU. no responde a la defensa de la democracia, sino a intereses imperialistas; Venezuela no es el baluarte de una comunidad poscapitalista ni de la soberanía latinoamericana, sino otro país capitalista que domina y explota, y que en los últimos años ha sumido a su país en una crisis tan atroz que se cuentan con millones de venezolanos migrantes en toda Sudamérica. No debemos caer en el apoyo ingenuo al bando norteamericano, cuyos intereses particulares nada tienen que ver con la democracia ni con el bienestar de América Latina. Tampoco debemos caer en visiones “soberanistas”, en la defensa acrítica de la patria u otras abstracciones, sin analizar que el conflicto no es entre naciones, sino entre las clases dominantes estadounidenses y chinas que buscan seguir acumulando capital.
En esta situación, los comunistas no debemos quedarnos de brazos cruzados. Debemos denunciar y protestar contra la intervención de EE. UU., no en defensa de la patria ni de una soberanía abstracta —que incluso en el Perú también puede verse amenazada—, sino en defensa de los intereses del proletariado nacional e internacional frente a las acciones militares perversas del imperialismo estadounidense y sus consecuencias para la región.
¡ABAJO EL IMPERIALISMO DE EE. UU., VENGA DE DONDE VENGA!
¡VIVA EL PROLETARIADO MUNDIAL!
¡ABAJO LA CLASE CAPITALISTA Y EL ESTADO BURGUÉS!



Sólo el proletariado puede liberarse a sí mismo. Gran post 👏🏾
Interesante